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Cómo cuidar tus camisas: lavado, planchado y guardado

Cómo cuidar tus camisas: lavado, planchado y guardado

Una camisa de calidad es una inversión: bien cuidada dura años impecable, mal cuidada envejece en meses. Cuellos percudidos, puños gastados, blancos que amarillean y arrugas imposibles tienen todos el mismo origen: pequeños errores de lavado, planchado o guardado. Esta es la rutina completa para que tus camisas duren.

El lavado: la base de todo

  1. Antes de meterla al lavarropas: desabrochá todos los botones (incluidos los del cuello), quitá las ballenitas del cuello si son removibles y dala vuelta del revés.
  2. Pretratá el cuello y los puños. Son las zonas que juntan grasitud de la piel. Frotá suavemente con jabón blanco o jabón líquido puro antes del lavado. Este hábito de 20 segundos es la diferencia entre un cuello blanco y uno percudido.
  3. Agua fría o a 30 °C, ciclo suave. Las camisas de algodón toleran más temperatura que el punto, pero el agua caliente acelera el desgaste y fija algunas manchas.
  4. Separá blancas de color, siempre. Y no sobrecargues el tambor: la camisa necesita espacio para moverse o sale más arrugada y peor lavada.
  5. Centrifugado corto. Menos vueltas = menos arrugas = planchado más fácil.

El secado inteligente

El mejor momento para prevenir arrugas es apenas termina el lavado: sacá la camisa enseguida, sacudila con un golpe seco y colgala en percha (a diferencia del tejido de punto, la camisa de tela plana sí se cuelga) con el botón superior abrochado. Acomodá cuello y puños con la mano. Secado a la sombra: el sol directo amarillea las blancas y destiñe las de color.

¿Secarropas? Solo si la etiqueta lo permite y a temperatura baja, retirándola apenas termina, todavía apenas húmeda: es el punto ideal para plancharla.

Cómo planchar una camisa en 5 pasos (y sin marcas)

El orden importa. Con la plancha a temperatura de algodón y la camisa levemente húmeda (o con rociador):

  1. Cuello: primero del revés, después del derecho, planchando desde las puntas hacia el centro.
  2. Puños: abiertos, del revés y luego del derecho.
  3. Mangas: alineá la costura interior y planchá desde el hombro hacia el puño. Si no querés marca de raya en la manga, usá una almohadilla de manga o planchá en dos pasadas suaves sin llegar al borde.
  4. Canesú y hombros: apoyá la zona del hombro en la punta angosta de la tabla.
  5. Cuerpo: empezá por el frente con botones (punta de la plancha entre botón y botón, nunca por encima), seguí por la espalda y terminá con el otro frente.

Truco: si planchás varias camisas, hacelo en serie: todos los cuellos, todos los puños… la plancha mantiene temperatura estable y terminás más rápido.

El guardado que evita trabajo

  • Colgadas en perchas con hombros anchos, con el primer botón abrochado, dejando espacio entre camisas para que no se aplasten.
  • Para viajes: doblala con el método clásico de camisería (botones abrochados, doblada sobre cartón o en tres tercios) y ubicala arriba de todo en el bolso.
  • Rotación: dejá descansar la camisa al menos un día entre usos; las fibras se recuperan y transpira menos el desgaste.

Señales de que una camisa pide reemplazo

Cuello y puños deshilachados, transparencia excesiva en la espalda, amarilleo que no sale con pretratado y botones que perdieron el brillo. Ninguna rutina revierte el desgaste natural: una camisa de uso semanal intenso tiene una vida útil de 2 a 4 años.

Preguntas frecuentes

¿Cada cuánto se lava una camisa?
Después de cada uso si la usaste todo el día o transpiraste; cada dos usos como máximo. El cuello junta grasitud aunque “se vea limpia”.

¿Cómo evito que las camisas blancas amarilleen?
Pretratá cuello y puños en cada lavado, evitá la lavandina (paradójicamente amarillea con el tiempo), secá a la sombra y guardala limpia: las manchas de transpiración amarillean en el placard.

¿Conviene almidonar las camisas?
El almidón da estructura y acabado crocante, ideal para camisas de vestir formales. Para el uso diario no es necesario y a la larga acartona la fibra.

Camisas que valen la pena cuidar

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